Esta película dirigida por David Yates y protagonizada por los archiconocidos Daniel Radcliffe, Rupert Grint y Emma Watson acompañados de una paleta de actores de la talla de Michael Gambon y Alan Rickman, entre otros, levanto toda clase de críticas desde las más sublimes hasta aquellos que la destrozaron llamando tonta -no mala, no aburrida, sino tonta-.

En este punto debo confesar que no he leido ni un solo libro de Harry Potter, no por no gustarme leer, sino por aburrimiento inducido creado por todos aquellos que se sientan horas a conversar acerca de los diferentes tomos del mago, los detalles de su vida y las posibles vertientes de la trama en los próximos libros.

Pero, sí he visto todas las películas. Tanto la película anterior como esta han sido las peores de la saga del mago. Jamás olvidaré el cliché de Harry al decirle a Lord Voldermor: “tu no me venceras, porque yo tengo amigos y amor”, esta frase podría ser colocada dentro de una telenovela para adolecentes y crearía exactamente el mismo efecto. Aunque al parecer, esa frase no existe en el libro.

Por otro lado, Harry Potter and the Half Blood Prince tampoco dio la talla, aunque entiendo que los efectos especiales son espectaculares y es perdonable la lentitud del guión bajo la premisa de que proviene de un libro de más de 600 páginas. Lo que no es perdonable es la inclusión de detalles sin importancia para el espectador como la araña muerta, es cierto que esto da paso al triunfo de Harry, pero pudo ser solo referencial.

Espero que en el futuro se considere a Alfonso Cuarón como director de alguna de las próximas películas del mago -lamentablemente, David Yates repite en Harry Potter and the Deathly Hallows-.

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